
Dios a menudo usa el fracaso para hacernos útiles. Cuando Jesús llamó a sus discípulos, no buscó a las personas más capacitadas y exitosas, sino a las más dispuestas, y las encontró en sus lugares de trabajo: un pescador, un recaudador de impuestos y un agricultor. Los hebreos sabían que el fracaso era parte del crecimiento espiritual. Los griegos, en cambio, lo usaban como motivo de descalificación. Lamentablemente, en la Iglesia, a menudo nos tratamos así. Este no es el camino de Dios. Debemos comprender que fracasar no nos convierte en fracasados, sino en personas con experiencia. Nos prepara mejor para ser útiles en el Reino de Dios, si hemos aprendido de ello. Y ese es el ingrediente más importante de lo que Dios desea para sus hijos.
Hoy Dios es lo primero: 365 meditaciones sobre los principios del Reino de Cristo en el lugar de trabajo.

Os Hillman
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