
Para la Iglesia, los numerosos abusos contra la vida, la libertad y la dignidad humanas son un profundo sufrimiento. La Iglesia, a quien se le ha confiado la gloria de la tierra, cree que en cada persona reside la imagen del Creador y que quien la pisotea ofende a Dios. Como santa defensora de los derechos de Dios y de su imagen, la Iglesia debe clamar. Acepta como escupitajos en su rostro, como latigazos en su espalda, como la cruz en su pasión, todo lo que sufren los seres humanos, incluso los incrédulos. Sufren como imagen de Dios. No existe dicotomía entre el hombre y la imagen de Dios. Quien tortura a un ser humano, quien abusa de un ser humano, quien ultraja a un ser humano, abusa de la imagen de Dios, y la Iglesia asume como propia esa cruz, ese martirio.
La violencia del amor

Oscar A. Romero
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