
En el transcurso de mi vida intelectual, experimenté con gran intensidad el problema de si no es presuntuoso afirmar que podemos conocer la verdad, a pesar de todas nuestras limitaciones. También me pregunté hasta qué punto no sería mejor suprimir esta categoría. Sin embargo, al profundizar en esta cuestión, pude observar y comprender que renunciar a la verdad no resuelve nada, sino que, por el contrario, conduce a la tiranía del capricho. En ese caso, lo único que puede permanecer es aquello que decidimos y que podemos reemplazar a voluntad. El ser humano se degrada si no puede conocer la verdad, si todo, en última instancia, es simplemente producto de una decisión individual o colectiva. De este modo, comprendí la importancia de no perder el concepto de verdad, a pesar de las amenazas y peligros que sin duda conlleva. Debe permanecer como una categoría central. Como una exigencia que no nos otorga derechos, sino que, por el contrario, requiere nuestra humildad y obediencia, y que puede guiarnos por el camino común.

Papa Benedicto XVI
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