Patrick Rothfuss

Buscamos la obra de palabras Scrivani de Surthur, perdida hace mucho tiempo en el libro de contabilidad, toda esperanza olvidada. Sin embargo, pronto encontramos para la amistad justa el portador del libro. Caliente llega la cazadora Fela, sonrojada por el hallazgo. Sin aliento, su pecho, su sangre alta subiendo, para madurar el rubor de las mejillas rojas, flor de belleza. «Ese tipo de cosas», dijo Simmon distraídamente, sus ojos aún escaneando las páginas frente a él. Vi a Fela girar la cabeza para mirar a Simmon, casi como si estuviera sorprendida de verlo sentado allí. No, era casi como si hasta ese momento, él solo hubiera estado ocupando espacio a su alrededor, como un mueble. Pero esta vez, cuando lo miró, lo absorbió por completo. Su cabello rubio, la línea de su mandíbula, la extensión de sus hombros bajo su camisa. Esta vez, cuando lo miró, realmente lo vio. Permítanme decir esto. Valió la pena todo el horrible e irritante tiempo pasado buscando en los Archivos solo para ver suceder ese momento. Valió la pena derramar sangre y temer a la muerte con tal de verla enamorarse de él. Solo un poco. Solo el primer y tenue soplo de amor, tan ligero que probablemente ella misma no lo notó. No fue dramático, como un rayo seguido de un trueno. Fue más bien como cuando un pedernal golpea el acero y la chispa se apaga casi demasiado rápido para que puedas verla. Pero aun así, sabes que está ahí, en lo profundo, donde no puedes ver, latente.
– Patrick Rothfuss –


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Buscamos la obra de palabras Scrivani de Surthur, perdida hace mucho tiempo en el libro de contabilidad, toda esperanza olvidada. Sin embargo, pronto encontramos para la amistad justa el portador del libro. Caliente llega la cazadora Fela, sonrojada por el hallazgo. Sin aliento, su pecho, su sangre alta subiendo, para madurar el rubor de las mejillas rojas, flor de belleza. «Ese tipo de cosas», dijo Simmon distraídamente, sus ojos aún escaneando las páginas frente a él. Vi a Fela girar la cabeza para mirar a Simmon, casi como si estuviera sorprendida de verlo sentado allí. No, era casi como si hasta ese momento, él solo hubiera estado ocupando espacio a su alrededor, como un mueble. Pero esta vez, cuando lo miró, lo absorbió por completo. Su cabello rubio, la línea de su mandíbula, la extensión de sus hombros bajo su camisa. Esta vez, cuando lo miró, realmente lo vio. Permítanme decir esto. Valió la pena todo el horrible e irritante tiempo pasado buscando en los Archivos solo para ver suceder ese momento. Valió la pena derramar sangre y temer a la muerte con tal de verla enamorarse de él. Solo un poco. Solo el primer y tenue soplo de amor, tan ligero que probablemente ella misma no lo notó. No fue dramático, como un rayo seguido de un trueno. Fue más bien como cuando un pedernal golpea el acero y la chispa se apaga casi demasiado rápido para que puedas verla. Pero aun así, sabes que está ahí, en lo profundo, donde no puedes ver, latente.

El temor de un hombre sabio


Autor FraseaME

Patrick Rothfuss


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