
En la tradición judeocristiana, mantenemos la idea fundamental de que nuestra relación con el mundo se basa en el amor. Los cristianos afirman que «Dios es amor», que Dios creó el universo por amor. La fuente de la Creación divina es el amor, y nuestra relación con la posibilidad de encontrar significado en este mundo creado se da en y a través del amor. La comunidad cristiana es una relación recíproca entre personas que aman y son amadas. El individuo preserva el significado de la Creación divina al cultivar un amor semejante al de Cristo hacia los demás. La aparición de significado en el mundo —producto del amor— es siempre una manifestación de lo divino. El liberalismo se aparta de toda esta tradición de pensamiento, en parte por su asociación con la religión y en parte porque se resiste a la forma analítica de la razón. Para el liberalismo, la religión es individualizada y privada, por lo que no puede utilizarse para explicar o justificar el ámbito público. Si llega a invadirlo, amenaza con la irracionalidad. Sin embargo, la religión no deja de ser un esfuerzo por comprender la naturaleza de nuestra experiencia, e incluso una filosofía secular no debe ignorarla. No podemos simplemente negar aquello que no podemos ubicar dentro de nuestras categorías de análisis. (221)
Poniendo al liberalismo en su lugar

Paul W. Kahn
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