
Treinta años después, su régimen había cumplido su cometido histórico. El desarrollo económico había transformado la sociedad española, la política de masas radical se había extinguido y la democracia ya no representaba un peligro para el capital. La dictadura había cumplido su cometido de forma tan completa que un socialismo borbónico inofensivo era incapaz incluso de restaurar la república que había derrocado. En este laboratorio español se podía encontrar una parábola del futuro, que los dictadores latinoamericanos de la década de 1970 —Pinochet es el caso paradigmático— repetirían, artífices de un orden político en el que se podía confiar en que los electores, agradecidos por las libertades civiles finalmente restauradas, no alterarían el orden social. Hoy, el modelo español se ha convertido en la fórmula general de la libertad: ya no se trata de hacer del mundo un lugar seguro para la democracia, sino de hacer de la democracia un lugar seguro para este mundo.

Perry Anderson
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