
Hay situaciones en la vida que nos superan. El hombre sensato lo comprende y se retira de ellas, admitiendo su derrota. Otros intentan lidiar con ellas, pero nunca sirve de nada. Cuando los asuntos se enredan de verdad, lo mejor es quedarse quieto y dejar que se resuelvan solos. O, si no es posible, simplemente dejar de pensar en ellos. Esto es filosofía. El verdadero filósofo es el que dice «Está bien» y se duerme en su sillón. La actitud ante las pequeñas dificultades de la vida debería ser la del caballero de la fábula, que un día se sentó sobre una bellota y se quedó dormido. El calor de su cuerpo hizo germinar la bellota, que creció tan rápido que, al despertar, se encontró sentado en la horquilla de un roble a dieciocho metros del suelo. Pensó en volver a casa, pero, al verlo imposible, cambió de planes. «Bueno, bueno», dijo, «si no puedo doblegar las circunstancias a mi voluntad, al menos puedo adaptar mi voluntad a las circunstancias. Decido quedarme aquí». Y así lo hizo, y pasó un tiempo bastante agradable. El roble carecía de algunas de las comodidades del hogar, pero el aire era espléndido y la vista excelente. Reflexión del día para jóvenes lectores: Imita a este hombre.

PG Wodehouse
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