
Soy yo, tonto. ¿Quién crees que soy? Voy a entrar. Él ya estaba desnudo. Ella se apartó de él mientras él se deslizaba a su lado, pero él la atrapó en sus brazos y sintió cómo su cuerpo le derretía el vientre y los muslos. Eso era todo, solo estar allí tumbado escuchando la respiración y el silencio y sentir el calor coloreando su vientre, sus muslos y su cabeza. Ella nunca usaba ropa en la cama. Estaban desnudos y el calor salía de ella. Él quería reírse, porque era un descubrimiento tan maravilloso, ese calor. Ella siseaba como una serpiente. «No, está mal». Siguió siseando. Echó un codo hacia atrás con rapidez y le golpeó en el estómago. Parecía todo codos, omóplatos y talones. Era como intentar hacer el amor con una amasadora. Ella lo quería, ¿no?, si no, ¿por qué todo ese siseo y gemido?
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PH Newby
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