
¡Qué difícil es llegar a la conclusión de que, la mayoría de las veces, hay que dejar a la gente en paz! —cuando hay algo en mí que anhela un compromiso absoluto. Una de las ideas para un poema que tuve fue que solo se podía respetar a quienes sabían que las tazas debían lavarse y guardarse después de beber, que un lunes de trabajo seguía a un domingo en las praderas, y que la vejez, con sus recuerdos distorsionados, seguía a la juventud y sus placeres puros; pero que era imposible amar a esas personas, porque lo que buscamos en el amor es liberarnos de nuestras creencias, no reafirmarlas. Ahí es donde entra en juego el «coraje del amor»: tener el valor de comprometerse con algo en lo que no se cree, porque es lo que —al menos por el momento— nos emociona por su audacia. (Algunas frases son extrañas, pero sería un buen poema si tuviera palabras…).
Philip Larkin: Cartas a Mónica

Philip Larkin
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