
Luchas contra tu superficialidad, tu blandura, para intentar acercarte a la gente sin expectativas irreales, sin un exceso de prejuicios, esperanza o arrogancia, tan poco como un tanque puedes ser, sin cañones, ametralladoras ni placas de acero de quince centímetros de espesor; te acercas a ellos sin amenazas sobre tus propios diez dedos en lugar de destrozar el terreno con tus orugas, los abordas con la mente abierta, como iguales, de hombre a hombre, como solíamos decir, y aun así nunca dejas de equivocarte. Es como si tuvieras el cerebro de un tanque. Te equivocas antes de conocerlos, mientras anticipas el encuentro; te equivocas estando con ellos; y luego vuelves a casa para contarle a alguien más sobre la reunión y te vuelves a equivocar. Dado que generalmente les sucede lo mismo a ellos contigo, todo es realmente una ilusión deslumbrante. … El hecho es que acertar con la gente no es de lo que se trata la vida. Es precisamente eso: equivocarse, equivocarse una y otra vez, y luego, tras una cuidadosa reflexión, volver a equivocarse. Así sabemos que estamos vivos: nos equivocamos. Quizás lo mejor sería olvidarnos de tener razón o no sobre la gente y simplemente dejarnos llevar. Pero si puedes hacer eso, pues, ¡qué suerte tienes!
Pastoral americana

Philip Roth
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