
¿Veis esta linterna? —gritó Syme con voz terrible—. ¿Veis la cruz tallada en ella y la llama en su interior? Vosotros no la hicisteis. Vosotros no la encendisteis. Hombres mejores que vosotros, hombres que podían creer y obedecer, retorcieron las entrañas del hierro y preservaron la leyenda del fuego. No hay calle que piséis, no hay hilo que llevéis, que no haya sido hecho como esta linterna, negando vuestra filosofía de suciedad y ratas. No podéis crear nada. Solo podéis destruir. Destruiréis a la humanidad, destruiréis el mundo. Que os baste con eso. Sin embargo, esta vieja linterna cristiana no la destruiréis. Irá adonde vuestro imperio de simios jamás tendrá la inteligencia para encontrarla.
El hombre que fue jueves: una pesadilla

Portero Chesterton
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