
Sentí en lo más profundo de mi ser, primero, que este mundo no se explica a sí mismo. Puede ser un milagro con una explicación sobrenatural; puede ser un truco de magia con una explicación natural. Pero la explicación del truco de magia, si ha de satisfacerme, tendrá que ser mejor que las explicaciones naturales que he escuchado. Es magia, sea verdadera o falsa. Segundo, llegué a sentir que la magia debe tener un significado, y el significado debe tener alguien que lo signifique. Había algo personal en el mundo, como en una obra de arte; lo que fuera que significara, lo significaba con intensidad. Tercero, pensé que este propósito era hermoso en su diseño original, a pesar de sus defectos, como los dragones. Cuarto, que la forma apropiada de agradecimiento es alguna forma de humildad y moderación: deberíamos agradecer a Dios por la cerveza y el Borgoña no bebiendo demasiado. También debíamos obediencia a lo que nos creó. Y por último, y lo más extraño, me vino a la mente una vaga y vasta impresión de que, de alguna manera, todo lo bueno era un vestigio que debía conservarse y mantenerse sagrado a partir de alguna ruina primordial. El hombre había salvado sus bienes como Crusoe salvó los suyos: los había salvado de un naufragio… Y durante todo este tiempo ni siquiera había pensado en la teología cristiana.
Ortodoxia

Portero Chesterton
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