
Cenicienta era tan tonta. Dejó su zapatilla de cristal en el baile y luego regresó directamente a la casa de su madrastra monstruosa. Me parece que debería haber llevado la zapatilla de cristal siempre, para que fuera más fácil encontrarla. Siempre esperé que después de que el príncipe encontrara a Cenicienta y se alejaran en su magnífico carruaje, después de unos kilómetros ella se volviera hacia él y le dijera: «¿Podrías dejarme más adelante en el camino, por favor? Ahora que finalmente he escapado de mi vida de horribles abusos, me gustaría ver algo del mundo, ¿sabes?… Te alcanzaré más tarde, Príncipe, cuando haya encontrado mi propio camino.»
El libro de retos de Dash y Lily

Rachel Cohn
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