
En buena compañía, jamás se da entre dos personas, sentadas una frente a la otra, un diálogo como el que surge cuando se las deja a solas. En buena compañía, los individuos funden su egoísmo en un alma social que se extiende exactamente al mismo nivel que las diversas conciencias presentes. Allí no hay favoritismos entre amigos, ni afectos entre hermanos, ni entre esposas, sino todo lo contrario. Solo puede hablar aquel que se guía por el pensamiento común del grupo, sin limitarse al suyo propio. Ahora bien, esta convención, que exige el sentido común, destruye la gran libertad de la conversación profunda, que requiere una fusión absoluta de dos almas en una sola.

Ralph Waldo Emerson
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