
La definición de cuento de V.S. Pritchett es «algo vislumbrado de reojo, al pasar». Nótese la palabra «vislumbre». Primero, el vislumbre. Luego, el vislumbre cobra vida, se transforma en algo que ilumina el momento y que, si tenemos suerte —de nuevo esa palabra—, puede tener consecuencias y significados aún más amplios. La tarea del cuentista es dotar al vislumbre de todo su poder. Aplicará su inteligencia y habilidad literaria (su talento), su sentido de la proporción y su percepción de la coherencia: de cómo son realmente las cosas y cómo las ve él, como nadie más las ve. Y esto se logra mediante un lenguaje claro y específico, un lenguaje que da vida a los detalles que iluminarán la historia para el lector. Para que los detalles sean concretos y transmitan significado, el lenguaje debe ser preciso y exacto. Las palabras pueden ser tan precisas que incluso pueden sonar planas, pero aun así pueden tener impacto; si se usan correctamente, pueden dar en el clavo.
Llámame si me necesitas: Ficción y otros textos en prosa no recopilados

Raymond Carver
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