
—Eh, gracias —le dijo Jackson—. ¿Y tu nombre es…? —Soy Margaret, Margaret Van Der Graaf —respondió ella con otra sonrisa inquietante. Sus dientes eran tan blancos que parecían blanqueados. —¿Van Der Graaf? —repitió Jackson, intentando reprimir la risa. No quería ser grosero con la única persona a la vista, con esa desconocida de buen corazón que se ofrecía a ayudarlo, pero… ¿Van Der Graaf? —¿De qué te ríes? —preguntó Margaret con curiosidad, lanzándole una mirada calculadora—. Me gusta mi nombre. Si vas a ser un cretino, no te ayudaré. Puedes quedarte aquí en la calle toda la noche si quieres. —…Qué duro —dijo Jackson, devolviéndole una mirada inquisitiva. Había algo raro en ella, algo que Jackson no lograba identificar, algo que rozaba la horrible soledad y la añoranza—. ¿Quién más vive aquí, Margaret Van Der Graaf? No pudo resistirse a decir su nombre en voz alta. A pesar de lo gracioso que sonaba, tenía un buen timbre. —¿Quién más vive aquí? —preguntó. —Yo, yo misma y yo —dijo Margaret simplemente, riéndose entre dientes al ver su expresión de horror y enfado.
Tres pequeños agentes fantasmales

Rebecca McNutt
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