
Podemos actuar para afrontar las consecuencias del terremoto y el tsunami, pero el desastre tuvo una dimensión apenas política en lo económico y la indiferencia… la ayuda será muy política, en quién aporta cuánto (Bush ofreció 15 millones, luego 35 millones bajo presión, el coste de su investidura y después 350 millones bajo una fuerte presión internacional)… pero el suceso en sí trasciende la política, el ámbito de las cosas que causamos y que podemos intentar prevenir. No podemos desear que los seres humanos no estuvieran sujetos a las fuerzas de la naturaleza, incluida la mortalidad… no podemos desear que los mares se sequen, que las olas se calmen, que las placas tectónicas dejen de existir, que la naturaleza deje de estar más allá de nuestra capacidad de predicción y control… Pero los términos de esa naturaleza incluyen tal catástrofe y sufrimiento, lo que nos deja con el dolor no como un problema a resolver, sino como un hecho. Y nos deja con la compasión como la tarea que nunca terminaremos.
Asaltando las puertas del paraíso: Paisajes para la política

Rebecca Solnit
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