
La mujer volvió a reír. Era la persona más ruidosa de la cueva. Eena se preguntó si tal vez estaba hablando con una Ghengat. La curiosidad la venció y se giró para mirar, sorprendida al no encontrar ni a una Ghengat ni a una mujer de Harrowbeth, sino a una Mishmorat. Una Mishmorat llamativa, con manchas de guepardo, cabello liso y grueso como el carbón y los ojos oscuros más seductores que jamás habían existido. Esta mujer bronceada era del mismo tamaño que Eena, pero visiblemente más musculosa. Parecía una mezcla de guepardo, princesa árabe y gladiadora con pantalones ajustados. Eena se detuvo, dejando caer la piedra que tenía en las manos. «¿Kira?» susurró. «Mmm», gruñó la mujer. Sus ojos pintados se fruncieron con disgusto. La mirada seguía siendo impresionante. «Veo que mi reputación me precede». Eena se quedó boquiabierta como si un fantasma legendario hubiera resucitado. «¿Estás viva?»
Eena, el amanecer y el rescate

Richelle E. Goodrich
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