
Claro, ahora tenía el problema de comunicar lo que necesitaba. Marlen seguía golpeando la puerta, y Dimitri subiría en un par de minutos. Miré fijamente al humano, esperando parecer aterrador. Por su expresión, lo parecía. Intenté hablar como un cavernícola, como lo hacía con Inna… solo que esta vez el mensaje era un poco más difícil. «Palo», dije en ruso. No tenía ni idea de cómo se decía «estaca». Señalé el anillo de plata que llevaba y hice un gesto de cortar. «Palo. ¿Dónde?» Me miró con total confusión y luego preguntó, en perfecto inglés: «¿Por qué hablas así?» «¡Oh, por Dios!», exclamé. «¿Dónde está la bóveda?» «¿Bóveda?» «¿Un lugar donde guardan armas?» Siguió mirándome fijamente. «Ah», dijo. «Eso». Inquieto, dirigió la mirada hacia donde provenían los golpes.
Promesa de sangre

Richelle Mead
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