
Leo bajó el destornillador. Miró al techo y negó con la cabeza como diciendo: ¿Qué voy a hacer con este tipo? «Me esfuerzo mucho por ser molesto», dijo Leo. «No insultes mi capacidad para molestar. ¿Y cómo se supone que voy a resentirme contigo si vas a disculparte? Soy un simple mecánico. Eres como el príncipe del cielo, hijo del Señor del Universo. Se supone que debo resentirme contigo.» «¿Señor del Universo?» (Jason) «Claro, eres todo-bam! Hombre relámpago. Y ‘Mírame volar. Soy el águila que se eleva-‘» (Leo) «Cállate, Valdez.» (Jason) Leo logró esbozar una pequeña sonrisa. «Sí, ¿ves? Sí que te molesto.» «Me disculpo por disculparme.» (Jason) «Gracias.» Volvió al trabajo, pero la tensión entre ellos se había aliviado. Leo seguía pareciendo triste y exhausto, solo que ya no tan enojado.
El héroe perdido

Rick Riordan
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