
Fluye suavemente, dulce Afton, entre tus verdes laderas, fluye suavemente, cantaré una canción en tu alabanza; mi María duerme junto a tu arroyo murmurante, fluye suavemente, dulce Afton, no perturbes su sueño. Tú, paloma torcaz cuyo eco resuena por el valle, tú, mirlo salvaje y silbante en aquella guarida espinosa, tú, avefría de cresta verde, abstente de gritar, te lo ruego, no perturbes a mi bella durmiente. Cuán elevadas, dulce Afton, tus colinas vecinas, marcadas a lo lejos por los cursos de claros arroyos serpenteantes; allí deambulo diariamente al mediodía, con mis rebaños y la dulce cuna de mi María en mi mirada. Cuán agradables son tus riberas y verdes valles abajo, donde, silvestres en los bosques, florecen las prímulas; allí a menudo, cuando la suave tarde llora sobre la pradera, el abedul de dulce aroma da sombra a mi María y a mí. Tu arroyo cristalino, Afton, ¡cuán encantador! Se desliza, y serpentea junto a la cuna donde reside mi María; cuán caprichosamente lava tu agua sus pies níveos, mientras, recogiendo dulces florecillas, frena tu clara ola. Fluye suavemente, dulce Afton, entre tus verdes laderas, fluye suavemente, dulce río, tema de mis cantos; mi María duerme junto a tu arroyo murmurante, fluye suavemente, dulce Afton, no perturbes sus sueños.

Robert Burns
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