
Según él, la causa de nuestras crisis sociales actuales reside en un defecto genético inherente a la naturaleza misma de la razón. Y hasta que este defecto genético no se corrija, las crisis persistirán. Nuestros modos actuales de racionalidad no impulsan a la sociedad hacia un mundo mejor, sino que la alejan cada vez más de él. Desde el Renacimiento, estos modos han funcionado. Mientras la necesidad de alimento, vestimenta y vivienda sea primordial, seguirán funcionando. Pero ahora que para grandes masas de personas estas necesidades ya no priman sobre todo lo demás, toda la estructura de la razón, heredada de la antigüedad, resulta insuficiente. Comienza a revelarse su verdadera naturaleza: vacía de contenido emocional, carente de sentido estético y espiritualmente hueca.
El zen y el arte del mantenimiento de motocicletas: una indagación sobre los valores

Robert M. Pirsig
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