
¿Qué haces entonces? Te lo diré: omites todo lo que no te conviene. Como el propio autor lo hizo antes que tú. Igual que omites cosas en tus sueños y fantasías. Al omitir cosas, traemos belleza y emoción al mundo. Evidentemente, manejamos nuestra realidad mediante una especie de compromiso, un estado intermedio donde las emociones se impiden mutuamente alcanzar su máxima intensidad, atenuando los colores. Los niños que aún no han alcanzado ese punto de control son a la vez más felices y más infelices que los adultos que sí lo han logrado. Y sí, la gente tonta también omite cosas, por eso la ignorancia es dicha. Así que propongo, para empezar, que intentemos amarnos como si fuéramos personajes de una novela que se han conocido entre las páginas de un libro. En cualquier caso, dejemos de lado todo el tejido superfluo que rellena la realidad.
El hombre sin atributos: Vol. 1

Roberto Musil
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