
Shelly volvió a mirar alrededor del marco de la puerta como si el animal que la había estado aterrorizando tuviera un arma. —Eso no parece excremento de rata común. Puede que tengas razón. Hay que solucionar esto ahora mismo. Eres lesbiana, entra ahí y pelea. —¿Qué tiene que ver ser gay con atrapar una ardilla? —Dos mujeres viven juntas, ¿quién mata a las alimañas? —preguntó Shelly con una mano en la cadera. —Los de control de plagas, eso es. —Compórtate como una marimacho y entra ahí. No le diré a nadie si gritas como una niña de cinco años. —Soy una lesbiana femenina, lo que me pone en la misma categoría que tú —dijo Ryann señalando su cara—. Fíjate en el maquillaje. Además, tú eras la que siempre jugaba en la tierra y montaba a caballo. —¡No había ardillas en esa tierra conmigo! Recojo un insecto o una rana, incluso una vez manipulé una culebra, pero no me encargo de roedores. Ryann se apoyó en el marco de la puerta y miró fijamente dentro de la habitación. “Lo más probable es que esté debajo del sofá. ¿Dónde está Grant?” “Castigado después de clase por perforarse la nariz a él y a sus amigos con chinchetas”. Ryann la miró horrorizada. “¿Qué les pasa a tus hijos?”
La próxima vez

Robin Alexander
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