
…Este singular giro tal vez proceda del hecho de que para nosotros el «sujeto» (desde el cristianismo) es quien sufre: donde hay una herida, hay un sujeto: ¡Die Wunde! ¡Die Wunde!, dice Parsifal, convirtiéndose así en «él mismo»; y cuanto más profunda es la herida, en el centro del cuerpo (en el «corazón»), más se convierte el sujeto en sujeto: pues el sujeto es intimidad («La herida… es de una intimidad espantosa»). Tal es la herida del amor: un abismo radical (en las «raíces» del ser), que no puede cerrarse, y del cual el sujeto se drena, constituyéndose a sí mismo como sujeto en ese mismo drenaje. —de _Discurso de un amante: Fragmentos_. Traducido por Richard Howard, p. 189
Discurso amoroso: Fragmentos

Roland Barthes
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