
Ella era alguien que oía cada grano en el reloj de arena, sentía los segundos pasar como papel de lija sobre su piel más delicada. El tiempo parecía hacerle daño, y la gente la ayudaba a sobrellevarlo. […] A veces, a Nathan le parecía que su vida era solo eso, una hazaña de contener la respiración, solo diez segundos más, solo cinco más, y luego la muerte inundaría sus pulmones como agua, una hilera de burbujas de cristal a la superficie y luego nada. Ella tenía un miedo que él podía comprender. El tipo de miedo que te hace correr por una autopista de seis carriles o saltar a los rápidos. Ella era alguien que corría hacia su miedo, gritando. Que intentaba asustarlo. Que, en otro período de la historia, habría sido venerada como una santa o quemada como una bruja.
Las cinco puertas del infierno

Rupert Thomson
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