
Piensa en el profesor de ciencias más quisquilloso que hayas tenido. Ese que te bajaba la nota si redondeabas mal la sexta cifra decimal de tu respuesta; que se metía por dentro la camiseta de la tabla periódica, corregía a cada alumno que decía «peso» cuando quería decir «masa» y obligaba a todos, incluso a él mismo, a usar gafas protectoras hasta al mezclar agua azucarada. Ahora intenta imaginar a alguien a quien tu profesor odiaría por ser tan obsesivo. Ese es el tipo de persona que trabaja en una oficina de estándares y mediciones.
La cuchara que desaparece: y otros relatos verídicos de locura, amor e historia del mundo a partir de la tabla periódica de los elementos.

Sam Kean
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