Sara Teasdale

No querría que un dios viniera a protegerme repentinamente del pecado y a poner en orden mi vida; ni ángeles con brillantes alas ardientes que ordenaran mis pensamientos y cosas terrenales; más bien mis propias luces frágiles y temblorosas, sopladas por el viento y casi extinguidas; más bien el terror de las noches y la larga y enfermiza búsqueda de la duda; más bien perderme que dejar que mi alma se escape vagamente de mi propio control; que yo sea de mi propio espíritu, con dominio único, aunque débil.
– Sara Teasdale –


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No querría que un dios viniera a protegerme repentinamente del pecado y a poner en orden mi vida; ni ángeles con brillantes alas ardientes que ordenaran mis pensamientos y cosas terrenales; más bien mis propias luces frágiles y temblorosas, sopladas por el viento y casi extinguidas; más bien el terror de las noches y la larga y enfermiza búsqueda de la duda; más bien perderme que dejar que mi alma se escape vagamente de mi propio control; que yo sea de mi propio espíritu, con dominio único, aunque débil.


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Sara Teasdale


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