
Magnus recordaba un pueblo de Perú cuyo nombre quechua significaba «lugar tranquilo». Recordaba aún con más claridad haber estado obscenamente borracho y triste por el desamor de aquella época, y los pensamientos sentimentales que le habían vuelto a la mente a lo largo de los años, como un huésped no deseado que se colaba por su puerta: que no había paz para alguien como él, ningún lugar tranquilo, y que nunca la habría. Excepto que se encontró recordando estar acostado en la cama con Alec, todos vestidos, recostados en la cama en una tarde tranquila, Alec riendo, con la cabeza echada hacia atrás, las marcas que Magnus le había dejado en la garganta claramente visibles.
Qué regalarle al Cazador de Sombras que lo tiene todo

Sarah Rees Brennan
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