
Es extraño lo rápido que mueren nuestros cuerpos. Qué frágil es nuestra presencia. En un instante, el alma se va, dejando en su lugar un recipiente vacío e insignificante. He leído sobre aquellos enviados a la horca y la guillotina en Europa. He leído sobre la gran guerra de antaño y los hombres masacrados por decenas de miles. Y apenas les dedicamos una breve reflexión, pues nuestra naturaleza tiende a desterrar tales pensamientos. Pero al hacerlo, olvidamos que cada uno de ellos estaba tan vivo como nosotros, y que una sola cuerda, una bala o una hoja, les arrebató la vida entera en ese instante frágil. Les arrebató sus primeros días como bebés envueltos en pañales y sus futuros más grises e inconclusos. Cuando uno piensa en cuántas almas han sufrido este destino a lo largo de la historia, en los incontables asesinatos de incontables hombres, mujeres y niños… es demasiado difícil de soportar.
Abraham Lincoln: Cazador de vampiros

Seth Grahame-Smith
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