
Sin embargo, nunca busqué lo real, anhelé lo real, sino que más bien he anhelado sueños que cosas sólidas. Puedo decir que amo las texturas de los sueños. La forma en que flotan y casi se pueden saborear. Las nubes y la oscuridad que persisten detrás, casi siempre invisibles. Y la paleta de los sueños. Casi puedes saborear los colores, parecen palabras en la punta de la lengua, inefables como semillas de granada, inefables como crema espesa, la oscuridad de una crema tan espesa. Por eso estoy obsesionada con los sueños. Saben lo que nosotros no podemos. Noche tras noche intentan decirnos lo imposible. Los sueños son secretos y cerrados, y también lo contienen todo, brotando, desplegado. Maletas de sueños, bolsos de viaje, bolsas de lona. Nos influyen secretamente y me atraen a viajar a ninguna parte, al pasaje de la belleza, a través de salones de espejos donde sé que no soy yo misma, sé que soy sublime.

Shawna Lemay
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