
Ninguna otra técnica para la conducción de la vida vincula al individuo tan firmemente a la realidad como el énfasis en el trabajo; pues su trabajo, al menos, le proporciona un lugar seguro en una parte de la realidad, en la comunidad humana. La posibilidad que ofrece de desplazar una gran cantidad de componentes libidinales, ya sean narcisistas, agresivos o incluso eróticos, hacia el trabajo profesional y las relaciones humanas relacionadas con él, le confiere un valor nada menos que el que disfruta como algo indispensable para la preservación y justificación de la existencia en sociedad. La actividad profesional es fuente de especial satisfacción si es una elección libre; es decir, si, mediante la sublimación, posibilita el uso de inclinaciones existentes, de impulsos instintivos persistentes o reforzados constitucionalmente. Y, sin embargo, como camino hacia la felicidad, el trabajo no es muy valorado por los hombres. No se esfuerzan por alcanzarlo como lo hacen por otras posibilidades de satisfacción. La gran mayoría de las personas solo trabaja bajo la presión de la necesidad, y esta aversión humana natural al trabajo plantea problemas sociales muy difíciles.
La civilización y sus descontentos

Sigmund Freud
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