
La historia feminista, me recordó, es una contranarrativa, una narrativa de desobediencia, una crónica de batalla, no de rendición. Las mujeres que no encajan en el molde son frecuentemente manipuladas, deformadas y convertidas en algún arquetipo culturalmente seguro. Los artífices de la historia transformaron a Perpetua en una madre fría e insensible, una especie de villana. Pero ¿quién puede asegurar que convertirse en madre no la impulsó también a convertirse en mártir, a defender apasionadamente sus ideales religiosos porque quería ofrecerle a su hijo el mayor regalo posible: un ideal? Quizás, al final, los instintos maternales de Perpetua fueron precisamente lo que le dio la fuerza para enfrentarse al gladiador romano más corpulento y para rendirse con dignidad.

Stephanie Staal
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