
Los analistas sociales más perspicaces habían anticipado este giro a la derecha desde principios de la década de 1980. Bertram Gross predijo, en su libro *Fascismo amistoso*, que Estados Unidos podría llegar a una forma más moderada del ultranacionalismo virulento, la actividad antiobrera y el racismo que confluyeron en el fascismo en Europa en la década de 1930. Según este argumento, las grandes empresas estadounidenses tolerarían tal deriva hacia la derecha, ya que una mayor restricción gubernamental a la libertad individual potenciaría los esfuerzos empresariales por disciplinar a la fuerza laboral e incrementar las ganancias corporativas.
Repartiendo el pastel: una guía ciudadana para la riqueza y el poder.

Steve Brouwer
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