
Pasaron un par de meses antes de que ambos nos convenciéramos de que no había reglas sobre las actividades sexuales en el infierno y de que nuestros cónyuges no iban a aparecer de repente. Fue difícil iniciar una relación sexual en circunstancias de tanta incertidumbre, especialmente para un mormón practicante y un buen cristiano, ambos perdidos en un infierno zoroástrico. Éramos como recién casados vírgenes. Toda mi vida me habían educado para creer que este tipo de cosas estaban mal. Toda mi vida había vivido con un fuerte sentido de la moralidad. ¿Cómo se renuncia a ella? ¿Cómo se hacen cosas que uno pensaba que nunca haría? ¿Adónde van todas las cosas en las que creías, cuando toda la estructura que las sustentaba resulta ser un mito? ¿Cómo saber cómo o sobre qué tomar una postura moral, cómo comportarse cuando resulta que no hay reglas cósmicas, ni imperativos categóricos? Fue difícil. Tan complicado de desenredar.
Una breve estancia en el infierno

Steven L. Peck
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