
Las líneas ondulantes de nieve estaban compuestas de copos individuales, y cada copo era un cúmulo de cristales de hielo separados; los científicos habían contado más de cien en un solo copo. Bajo el microscopio, cada minúsculo cristal, incoloro y transparente, revelaba una simetría secreta: seis lados, la expresión externa de una geometría interna de moléculas de agua congeladas. Pero lo verdaderamente asombroso era que no había dos cristales exactamente iguales. En una de las revistas de fotografía de su padre, había visto una impresionante muestra de microfotografías, y lo más sorprendente de los cristales ampliados era que cada uno contenía en su centro todo un mundo de intrincados diseños hexagonales, causados por microburbujas de aire. Sin razón aparente, la Naturaleza, en una especie de exuberancia, creaba un flujo inagotable de variaciones sobre una misma forma. Una tormenta de nieve era una lluvia de joyas, un delirio de hexágonos; sin duda, obra de un maestro animador.
Pequeños reinos

Steven Millhauser
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