
Toma una piña y cuenta las filas espirales de escamas. Puedes encontrar ocho espirales que se enroscan hacia la izquierda y 13 hacia la derecha, o 13 a la izquierda y 21 a la derecha, u otros pares de números. Lo sorprendente es que estos pares de números son números adyacentes en la famosa serie de Fibonacci: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21… Aquí, cada término es la suma de los dos anteriores. Este fenómeno es bien conocido y se llama filotaxis. Muchos biólogos se han esforzado por comprender por qué las piñas, los girasoles y muchas otras plantas exhiben este patrón tan notable. Los organismos hacen cosas extrañas, pero no todas estas rarezas tienen por qué reflejar selección natural o casualidad histórica. Algunos de los mejores intentos por comprender la filotaxis recurren a una forma de autoorganización. Paul Green, de Stanford, ha argumentado de manera convincente que la serie de Fibonacci es justo lo que cabría esperar como el patrón autorrepetitivo más simple que puede generarse mediante los procesos de crecimiento particulares en las puntas de crecimiento de los tejidos que forman girasoles, piñas, etc. Al igual que un copo de nieve y su simetría séxtuple, la piña y su filotaxis pueden formar parte de un orden para la libertad
En casa en el universo: La búsqueda de las leyes de la autoorganización y la complejidad

Stuart A. Kauffman
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