
Me siento bien con mi esposo: me gusta su calidez y su grandeza y su presencia y su creatividad y sus chistes y cuentos y lo que lee y cómo le gusta pescar y pasear y los cerdos y zorros y los animalitos y es honesto y no vanidoso ni obsesionado con la fama y cómo muestra su alegría por lo que le cocino y alegría cuando le hago algo, un poema o un pastel, y cómo se preocupa cuando estoy triste y quiere hacer cualquier cosa para que pueda librar mis batallas del alma y crecer con valentía y una tranquilidad filosófica. Amo su buen olor y su cuerpo que encaja con el mío como si hubieran sido hechos en el mismo taller para hacer precisamente eso. Lo que son solo pedazos, repartidos aquí y allá a este chico y aquel chico, que me hicieron sentir como pedazos de ellos, está todo apretujado en mi esposo. Así que ya no quiero mirar a mi alrededor: no necesito buscar nada a mi alrededor.
Los diarios completos de Sylvia Plath

Sylvia Plath
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