
se inclina, con tanto cuidado. Respirando y sin respirar y corazones latiendo entre nosotros y está tan cerca, está tan cerca y ya no puedo sentir mis piernas. No puedo sentir mis dedos ni el frío ni el vacío de esta habitación porque todo lo que siento es a él, en todas partes, llenándolo todo y susurra «Por favor». Dice «Por favor, no me dispares por esto». Y me besa. Sus labios son más suaves que cualquier cosa que haya conocido, suaves como la primera nevada, como morder algodón de azúcar, como derretirse y flotar y ser ingrávida en el agua. Es dulce, es tan dulce sin esfuerzo. Y entonces cambia. «Oh Dios…» Me besa de nuevo, esta vez más fuerte, desesperado, como si tuviera que tenerme, como si se estuviera muriendo por memorizar la sensación de mis labios contra los suyos. Su sabor me está volviendo loca; es todo calor y deseo y menta y quiero más. Acabo de empezar a atraerlo hacia mí, a atraerlo hacia mí cuando se suelta. Respira como si hubiera perdido la cabeza y me mira como si algo se hubiera roto dentro de él, como si se hubiera despertado para descubrir que sus pesadillas eran solo eso, que nunca existieron, que todo fue solo un mal sueño que se sintió demasiado real, pero ahora está despierto y está a salvo y todo va a estar bien y me estoy cayendo. Me estoy desmoronando y cayendo en su corazón y soy un desastre.
Desentrañame

Tahereh Mafi
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