
¡Claro que no! Sabía que me protegerías. Juraste que eras lo suficientemente fuerte para proteger a Vivienne, ¿no? ¿Cómo puedes prometer proteger a mi hermana, pero no confiar en ti mismo para mantenerme a salvo? La música subió de volumen hasta un crescendo. Aunque Adrian la mantenía prisionera contra la musculosa longitud de su cuerpo, abandonó toda pretensión de bailar. «Porque no pierdo la cabeza cada vez que Vivienne entra en una habitación. No doy vueltas en la cama todas las noches soñando con hacer el amor con ella. No me vuelve loco con sus preguntas interminables, su incesante fisgoneo, sus planes descabellados». Su voz se elevó. «¡Puedo confiar en mí mismo para proteger a tu hermana porque no estoy enamorado de ella!
Después de medianoche

Teresa Medeiros
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