
menudo pensamos en la paz como la ausencia de guerra, que si los países poderosos redujeran sus arsenales, podríamos tener paz. Pero si analizamos a fondo las armas, vemos reflejados nuestros propios prejuicios, miedos e ignorancia. Incluso si transportáramos todas las bombas a la luna, las raíces de la guerra y de las bombas seguirían ahí, en nuestros corazones y mentes, y tarde o temprano fabricaríamos nuevas bombas. Trabajar por la paz es erradicar la guerra de nosotros mismos y de los corazones de los hombres y las mujeres. Prepararse para la guerra, dar a millones de hombres y mujeres la oportunidad de practicar la matanza día y noche en sus corazones, es sembrar millones de semillas de violencia, ira, frustración y miedo que se transmitirán a las generaciones venideras.
Buda viviente, Cristo viviente

Thich Nhat Hanh
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