
uno gritó wee, wee, wee, todo el camino… Jessica se echó a reír mientras él le tocaba el punto del costado cubierto por el suéter donde sabía que no soportaba las cosquillas. Ella se encorvó, retorciéndose, apartándose mientras él pasaba rodando, rebotando contra el respaldo del sofá pero recuperándose bien, y para entonces ya tenía cosquillas por todas partes, él podía agarrarle un tobillo, un codo… Pero de repente un cohete impactó. Una explosión terrible muy cerca del pueblo: toda la atmósfera, el tiempo, cambió; la ventana de guillotina se abrió de golpe hacia adentro, rebotando con un chirrido de madera para volver a cerrarse de golpe mientras toda la casa seguía temblando. Sus corazones latían con fuerza. Los tímpanos, tensos por la sobrepresión, resonaban de dolor. El tren invisible se alejó a toda velocidad sobre el tejado…
Arcoíris de la gravedad

Thomas Pynchon
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