
Pero el Conde no tenía el temperamento para la venganza; no tenía la imaginación para las epopeyas; y ciertamente no tenía el ego fantasioso para soñar con imperios restaurados. No. Su modelo para dominar sus circunstancias sería un tipo de prisionero completamente diferente: un anglicano varado en la costa. Como Robinson Crusoe varado en la Isla de la Desesperación, el conde mantendría su determinación dedicándose a las tareas prácticas. Habiendo abandonado los sueños de descubrimientos rápidos, los Crusoe del mundo buscan refugio y una fuente de agua dulce; aprenden a hacer fuego con pedernal; estudian la topografía de su isla, su clima, su flora y fauna, sin perder de vista las velas en el horizonte y las huellas en la arena.
Un caballero en Moscú

Toallas de amor
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras