
Los huesos son pacientes. Los huesos nunca se cansan ni huyen. Cuando te encuentras con un hombre que lleva muerto muchos años, sus huesos seguirán allí, en su sitio, contentos, esperando pacientemente, pero su carne se habrá levantado y lo habrá abandonado. El agua es como la carne. El agua no se queda quieta. Siempre está en otro lugar; inquieta, parlanchina y curiosa. Incluso el agua en un recipiente tapado desaparecerá con el tiempo. La carne es agua. Las piedras son como los huesos. Satisfechas. Pacientes. Confiables. Dime, entonces, Alobar, para alcanzar la inmortalidad, ¿deberías emular al agua o a la piedra? ¿Deberías confiar en tu carne o en tus huesos?
Perfume Jitterbug

Tom Robbins
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