
Aunque cada una de sus enfermeras era marcadamente diferente de las demás en apariencia, vestimenta, forma de hablar, comida y preferencias médicas, sus similitudes eran evidentes. No había exceso en sus jardines porque lo compartían todo. No había basura ni desperdicios en sus hogares porque le encontraban utilidad a todo. Se responsabilizaban de sus vidas y de lo que fuera, de quienquiera que las necesitara. La ausencia de sentido común las irritaba, pero no las sorprendía. La pereza era más que intolerable para ellas; era inhumana. Ya fuera en el campo, en la casa, en el propio patio trasero, había que estar ocupada. Dormir no era para soñar; era para recuperar fuerzas para el día siguiente. La conversación iba acompañada de tareas: planchar, pelar, desgranar, clasificar, coser, remendar, lavar o cuidar. No se podía aprender la edad, pero la adultez estaba ahí para todas. El duelo era útil, pero Dios era mejor y no querían encontrarse con su Creador y tener que explicar una vida derrochadora. Sabían que Él les haría a cada una una pregunta: «¿Qué has hecho?
Hogar

Toni Morrison
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras