
Sus temas no eran en absoluto el orgullo ni el amor, aunque usaba esas palabras constantemente; para él, significaban autoelogio y odio. También hablaba mucho de la Verdad, pues, según decía, estaba «derribando la capa superficial de la civilización». Es una metáfora persistente, omnipresente y engañosa, esa de la capa superficial (o pintura, o película plástica, o lo que sea) que oculta la realidad más noble que hay debajo. Puede ocultar una docena de falacias a la vez. Una de las más peligrosas es la implicación de que la civilización, al ser artificial, es antinatural: que es lo opuesto a la primitividad… Por supuesto que no hay capa superficial, el proceso es de crecimiento, y la primitividad y la civilización son grados de lo mismo. Si la civilización tiene un opuesto, es la guerra. De esas dos cosas, se tiene una o la otra. No ambas.
La mano izquierda de la oscuridad

Ursula K. Le Guin
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