
Todos somos sensores de movimiento glorificados. Algunas cosas solo se vuelven visibles para nosotros cuando experimentan un cambio. Damos por sentado todo lo constante y fijo, y eventualmente dejamos de prestarles atención. Al mismo tiempo, observamos y nos obsesionamos con cosas pequeñas, rápidas y efímeras de poco valor. El truco para redescubrir las constantes es detenerse y concentrarse en el panorama más amplio que nos rodea. Mientras todo lo demás revolotea a nuestro alrededor, las cosas importantes permanecen en su lugar. Su quietud aparece como movimiento inverso a nuestra perspectiva, ya que la relatividad reinicia nuestros sensores de movimiento. Nos reinicia, permitiéndonos percibir de nuevo. Y ahora que vemos, de repente nos damos cuenta de que esas cosas quietas no están tan inmóviles después de todo. Simplemente se deslizan con una gracia individual y lenta contra el telón de fondo del inmenso universo. Y se necesita un instrumento de movimiento más sensible para rastrear esto.
El Calendario Perpetuo de la Inspiración

Vera Nazarian
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