
Cuando empecé, creía que mi verdadero éxito dependía de mi estilo de vida, mi vestuario, el tipo de coche que conducía, de que me vieran con la gente adecuada; y si salía ileso, de las propiedades que poseería y de cómo los medios de comunicación cantarían mi nombre como el de Urbanas. Vi a mi padre disculpándose por no haberme apoyado. Pero la vida es una cabrona cruel. Cuando dejé atrás el robo, las drogas, el hedonismo, la pedofilia y, muy probablemente, la nigromancia —el más escarlata de los pecados, según yo— juré no volver a vivir una vida profana jamás; ni siquiera las trampas más sutiles me atraparían. Las había visto todas, incluso disfrazadas, y las reconocí al instante.
TIEMPOS RETORCIDOS: Hijo del Hombre

Vicente de Pablo
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