
Las palabras de sus diversos profesores de escritura y mentores profesionales a lo largo de los años volvían a él en momentos como estos, y encontró una nueva comprensión en sus consejos: escribir es reescribir. El borrador es solo eso. No se puede pulir lo que no se ha escrito. Las cosas que conformaban una vida normal —como una rutina diaria que seguía el ritmo del sol— pasaron a un segundo plano en momentos como estos, y él se regocijó con ese cambio porque servía como prueba de que escribir era, en efecto, lo más importante en su vida. No fue una decisión consciente por su parte, como decidir pintar el baño o ir a comprar la comida, sino una reorganización general de su existencia tan innegable como respirar. El día se convirtió en noche, el desayuno en cena, y el portátil o la tableta de escritura lo llamaban incluso cuando dormía. A menudo se despertaba con una idea nueva, como si simplemente hubiera estado en un descanso y no inconsciente, y veía el asiento vacío frente al escritorio no como su puesto en una cadena de montaje sin sentido, sino como el asiento del piloto en una nave que podía ir a cualquier parte.
Compañía de la Muerte

Vincent H. O’Neil
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras