
Cada momento de nuestra vida tiene un propósito; cada una de nuestras acciones, por más aburrida, rutinaria o trivial que parezca, posee una dignidad y un valor que trascienden la comprensión humana. Esto significa que ningún momento se desperdicia, ninguna oportunidad se pierde, pues cada una tiene un propósito en la vida del hombre, un propósito en el plan de Dios. Piensa en tu día, hoy o ayer. Piensa en el trabajo que realizaste, en las personas que conociste, momento a momento. ¿Qué significó para ti? ¿Y qué pudo haber significado para Dios? ¿Es la pregunta demasiado simple para responderla, o simplemente tememos formularla por miedo a la respuesta que debemos dar?

Walter J. Ciszek
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